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Testimonios

Hemos recogido testimonios conmovedores de mujeres inmigrantes, que describen la verdadera historia de su dolor y sufrimiento. Para comprender mejor sus historias, pedimos a una Inteligencia Artificial que se basara en esos testimonios y creara arte. El resultado fue una conmovedora serie de imágenes que encapsulan las inmensas dificultades y la resistencia de estas valientes mujeres. Al crear este arte, esperamos proporcionar una comprensión más profunda de sus historias y honrar el duro trabajo y el coraje de todas las mujeres migrantes.

Esta es la historia de Eliana Najarro una mujer migrante venezolana, que huyó de la violencia y la pobreza de su país de origen para buscar seguridad y una vida mejor en Colombia. Pero cuando llegó, descubrió que no había trabajo ni oportunidades para ella. Al no poder pagar una vivienda, se vio obligada a vivir en un vertedero de basura a las afueras de la ciudad de Medellín. Allí, encontró una comunidad de migrantes y refugiados que compartían su misma situación. Juntos, buscaron formas de sobrevivir, recolectando materiales de la basura para vender y comerciar. A pesar de la adversidad, Eliana y sus amigos encontraron fuerza y esperanza al respaldarse unos a otros.

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La historia de Luzmila Cáceres M entristece a todos los que la escuchan. Es la historia de una madre y su hija, obligadas a abandonar su hogar en Venezuela y viajar sin ningún medio de subsistencia. Su única esperanza era mendigar a los transeúntes para salir adelante en Colombia. La verdadera tragedia es que no estaba sola en su desesperación y son historias como la suya las que nos recuerdan lo importante que es ser compasivos y comprensivos con los desplazados.

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La historia de Clara María Bustamante es una historia de fuerza, coraje y resistencia. Es una madre migrante venezolana que caminó 37 días, con su hijo de un año a cuestas, para llegar a Cali (Colombia), donde encontró a unos familiares que la ayudaron. Había dejado su país con la esperanza de encontrar una vida mejor para ella y su hijo, y la determinación de hacer lo que fuera necesario para lograrlo. Su viaje no fue fácil, pero perseveró y, finalmente, ella y su hijo estuvieron a salvo en Cali. Su historia es un testimonio de la fuerza y la resistencia de las madres migrantes de todo el mundo, que están dispuestas a hacer lo que sea necesario para garantizar la seguridad y el bienestar de sus hijos.

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La vida de Linda María cambió drásticamente en 2018 cuando su marido murió repentinamente de un ataque al corazón. Viuda y sola al cuidado de su hijo de cuatro años, se sintió perdida e impotente. Sin embargo, fue su hijo quien le dio el valor para seguir adelante. Cuando decidió desarraigar toda su vida y emigrar a un nuevo país, fue su hijo quien le recordó el valor y la fuerza que necesitaba para emprender el viaje. A través de la historia de Linda María, uno puede ver el poder del amor y la fuerza de una madre, especialmente cuando las probabilidades están en su contra. A pesar de las dificultades, Linda María y su hijo perseveraron y encontraron un nuevo hogar en tierra extranjera.

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La tristeza de la historia de Camila Gordillo es demasiado para soportarla. El desplazamiento forzado ha sido su vida desde que era una niña en Colombia. Tuvo que huir de la violencia, dejando atrás su hogar y su querida familia. Cuando sólo tenía 10 años, presenció el asesinato de su familia, una tragedia que aún hoy la persigue. Ahora, 27 años después, tiene que volver a hacerlo: abandonar todo y a todos sus seres queridos para sobrevivir a la amenaza constante de los grupos armados. Migrantes como Camila se enfrentan a dificultades y peligros inimaginables en sus viajes, y aun así perseveran con valentía y fortaleza. Debemos hacer más para garantizar la seguridad de estas valientes personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares sin tener culpa alguna.

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La historia de Juan Manuel y Úrsula es una historia de dolor y tristeza, pero también de esperanza y coraje. Como emigrantes venezolanos en Colombia, se enfrentaron a una lucha diaria por la vida y por un futuro mejor para su hija de 8 meses. A pesar de su grave situación, encontraron refugio escondidos en una plantación de café, y sólo su determinación y su voluntad de proteger a su pequeña les impulsaron a seguir adelante.


No están solos en su lucha; el mundo ha empezado a reconocer la difícil situación de los migrantes como Juan Manuel y Úrsula, millones de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares en busca de un lugar seguro donde vivir. Debemos hacer todo lo posible para ayudar a los necesitados, para garantizar que todos tengan acceso a necesidades básicas como refugio, alimentos, seguridad y atención sanitaria. Es nuestro deber como ciudadanos del mundo defender a aquellos cuyas voces no pueden ser escuchadas.


La historia de Juan Manuel y Úrsula nos recuerda que, a pesar de la oscuridad de nuestro mundo, aún queda luz por encontrar. Con nuestras acciones, podemos crear un futuro en el que todos puedan vivir en paz y seguridad, un espacio en el que cada persona pueda luchar por sus sueños sin miedo. Este es el poder de la humanidad que Juan Manuel y Úrsula nos han mostrado.

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Cristina Campusano no tuvo más remedio que huir. En Colombia, su país natal, la violencia se había apoderado de su pequeño pueblo y sólo le quedaba una opción: tomar cartas en el asunto. Junto con su hija de 10 años, emprendió a pie una traicionera travesía de 10 días por la selva, sabiendo que los peligros que la acechaban eran mucho mayores de lo que podía imaginar.


La selva parecía no tener fin y cuanto más se adentraban, más miedo y temor empezaban a invadir el corazón de Cristina. Aunque sentía una profunda fuerza y determinación, el miedo a ser capturada o dañada por hombres o animales a lo largo del camino la acosaba constantemente. A cada paso que daba, abrazaba a su hija, su única esperanza de supervivencia.


Con el paso de los días, Cristina y su hija sufrieron deshidratación, agotamiento y un calor insoportable. Pero, en última instancia, fueron su valor y su fuerza de voluntad los que las impulsaron a seguir adelante. Al llegar la mañana del décimo día, Cristina supo que su misión estaba a punto de terminar. Miró a su hija con una mezcla de orgullo, alivio y amor antes de que, por fin, salieran de la selva, habiendo llegado sanas y salvas al otro lado.
Han pasado años desde aquel momento, y Cristina se ha buscado la vida. Pero nunca olvidará aquel viaje de 10 días y la fuerza y el valor que encontró en sí misma y en su hija.

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Clara marchaba con sus tres hijos, con los pies llenos de ampollas y doloridos por una semana de caminata. Había tomado la decisión de abandonar Venezuela y emprender el largo viaje a Colombia, sin importarle las dificultades que le esperaban. Respiró hondo y miró las caras de sus hijos, que no tenían ni idea de lo desconocido que les esperaba. Les dedicó una sonrisa tranquilizadora y se comprometió a ponerlos a salvo, a pesar de todo. Clara siguió caminando con la determinación de ver un futuro mejor para sus hijos.

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Viviana era una niña de 13 años venezolana que vivía con su familia en Maturín. La familia decidió migrar a Medellín para buscar mejores oportunidades de vida. Viviana y su familia comenzaron a caminar desde Maturín hasta Medellín, un viaje de más de 2000 kilómetros. Durante el viaje, Viviana sufrió una fuerte pulmonía, pero ella nunca se desanimó. A pesar de los muchos obstáculos que tuvieron que superar, ella y su familia al fin llegaron a Medellín. finalmente lograron prosperar en su nueva casa. Esta historia es un ejemplo de la resiliencia y la determinación de los inmigrantes venezolanos que buscan una mejor vida para ellos y sus familias.

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El mes que María Paula tuvo que pasar viviendo en las calles de Bucaramanga con sus dos hijos fue la experiencia más dura de su vida. La falta de hogar, el hambre y los peligros de la calle eran constantes. Era casi imposible satisfacer las necesidades de sus hijos y la enfermedad era una grave amenaza. Sin embargo, Maria Paula encontró esperanza en la Fundación Unimedicos, donde recibió ayuda y apoyo para salir adelante. Por fin pudo sacar a su familia de la oscuridad y llevarla a un lugar seguro. Con la ayuda de la Fundación Unimedicos, Maria Paula pudo crear una vida mejor para ella y sus hijos.

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La historia de esta mujer indígena colombiana es un ejemplo de valentía, fuerza y resistencia. Tras sufrir malos tratos, esclavitud y enfermedades durante meses, consiguió anteponer la seguridad y protección de su hija. Incluso cuando estaba hambrienta y asustada, seguía aferrándose a la esperanza de que algún día podría escapar de la oscuridad de sus captores y experimentar la libertad.

Finalmente, tras innumerables intentos, consiguió escapar y emprendió el largo viaje a Bogotá en busca de una oportunidad para empezaar una nueva vida. Pero en el camino se encontró con muchos más obstáculos e injusticias, que tuvo que superar para ponerse a salvo. su historia es un recordatorio de que, por difíciles que sean las circunstancias, todos tenemos el poder de forjar nuestros propios caminos en busca de la libertad.

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Roinelly sólo tenía 13 años cuando su familia tuvo que desarraigar sus vidas y emigrar de Venezuela a Colombia. Pero al poco tiempo de llegar a este nuevo lugar, se encontraron con una crisis mundial que parecía no tener fin: Covid 19. Sin apoyo ni ayuda local, Roinelly fue quien dio un paso al frente y se hizo cargo de sus padres durante estos difíciles momentos. A pesar de ser tan joven, demostró un inmenso valor al sortear el hambre y la falta de medicamentos para mantener a su familia. Su fortaleza inspiró a todos los que la rodeaban y sus padres no podrían estar más orgullosos de la joven guerrera que criaron.


Afortunadamente, Roinelly encontró ayuda en el Centro de atención a la mujer migrante CAMMI de la Fundación Unimedicos,  allí se le prestó ayuda humanitaria a los emigrantes durante la crisis. Esta organización proporcionó atención médica, así como apoyo psicológico y jurídico a los afectados por el Covid 19. Con su ayuda, la familia de Roinelly se vio aliviada de sus preocupaciones y pudo continuar su viaje migratorio con esperanzas renovadas.


Roinelly es un testimonio viviente de fuerza y coraje, ya que ha superado momentos tan difíciles con gracia y determinación. Roinelly nos ha enseñado que, incluso ante la adversidad extrema, es posible ser resistente y valiente si simplemente

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La historia de esta mujer indígena colombiana es un ejemplo de valentía, fuerza y resistencia. Tras sufrir malos tratos, esclavitud y enfermedades durante varios meses, consiguió anteponer la seguridad y protección de su hija. Incluso cuando estaba hambrienta y asustada, seguía aferrándose a la esperanza de que algún día podría escapar de la oscuridad de sus captores y experimentar la libertad.

 

Finalmente, tras innumerables intentos, consiguió escapar y emprendió el largo viaje a Bogotá en busca de una oportunidad para empezar una nueva vida. Pero en el camino se encontró con muchos más obstáculos e injusticias, que tuvo que superar para ponerse a salvo. Su historia es un recordatorio de que, por difíciles que sean las circunstancias, todos tenemos el poder de forjar nuestros propios caminos en busca de la libertad.

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Carmenza es una mujer  campesina que  tuvo que huir con su hija, con el corazón henchido de miedo mientras el conflicto armado hacía estragos a su alrededor. Lo que antes era una vida pacífica, en el campo, ahora estaba llena de cadáveres y soledad. No podía soportar la idea de abandonar su hogar, pero sabía que si se quedaba significaría una muerte segura para su hija.

 

La campesina había visto morir a muchos niños en este conflicto; vidas jóvenes truncadas por la pobreza y la desesperación. Llevaba a su hijo en brazos mientras las lágrimas corrían por su rostro, sintiéndose sola e impotente. Mientras corrían en la oscuridad, lo único que podía hacer era esperar un futuro mejor para su hijo, lejos del horror en que se había convertido su vida.

 

Carmenza y su hija son sólo una de las muchas familias que se han visto obligadas a huir debido al conflicto armado. Es una situación devastadora, en la que se arrebatan vidas inocentes y se separa para siempre a los seres queridos. El sentimiento de soledad y desesperación les acompañará allá donde vayan, pero sólo les queda la esperanza de que su historia sirva de inspiración a otros en situaciones similares.

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Wilyenis fue una inspiración para todos los migrantes que conoció en su viaje. Ella y sus dos caballos se convirtieron en un símbolo de esperanza y entusiasmo en su lucha por la supervivencia. Aunque al principio sólo los utilizaban para transportar sus pertenencias, pronto se convirtieron en una herramienta inestimable en la misión de Wilyenis de ayudar a los demás. Utilizaba sus caballos para transportar a otros emigrantes y mercancías a cambio de comida y dinero, para poder cuidar de sí misma y de su familia.

 

Sin embargo, cuando Wilyenis cayó enferma, fue difícil conseguir ayuda. Afortunadamente, el CAMMI Centro de Atención a la Mujer Migrante de la Fundación Unimedicos intervino y le proporcionó el tratamiento médico que necesitaba. Gracias a su intervención, Wilyenis pudo sobrevivir y continuar su viaje. Estaba muy agradecida por la ayuda que le habían prestado y nunca olvidará la bondad que le han demostrado en la Fundación Unimedicos.

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A medida que se desarrollaba la historia de Johana, crecían su tristeza y su soledad. El miedo a lo desconocido la consumió cuando dejó a sus dos hijos en Venezuela y migró a Colombia. Por el camino se enfrentó a una violacion y acoso sexual, lo que le provocó una desafortunada enfermedad de transmisión sexual. Su vida cambió drásticamente al tener que vivir en lugares peligrosos y soportar muchas humillaciones. Aunque estaba llena de dolor, su perseverancia se mantuvo firme.

 

Encontró consuelo y ayuda en el CAMMI Centro de Atención a la Mujer Migrante de la Fundación Unimedicos, que la ayudó en su difícil travesía. Con su apoyo, Johana pudo encontrar trabajo y ayudar a su familia, a la que no ha visto desde que salió de Venezuela. A pesar de todas las dificultades por las que pasó en su viaje, está llena de gratitud por la ayuda que recibió  en la Fundación Unimedicos, y que le permitió poner un techo sobre la cabeza de su familia y proporcionarles una vida mejor.

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El mundo de Martha Mireya se hizo añicos en un instante. Contempló impotente cómo el coche fantasma se abalanzaba sobre su vida, arrebatándole a su marido en un cruel giro del destino. La tragedia la dejó abrumada por la tristeza y la desesperanza. Mientras sostenía en sus brazos el cuerpo sin vida de su amado esposo, Martha hizo la solemne promesa de seguir adelante y honrar su memoria. A pesar de su soledad y de su profundo dolor, decidió continuar su camino. El accidente le había arrebatado muchas cosas, pero nunca podría arrebatarle los recuerdos que compartía con su marido.

 

El largo viaje que Martha tenía por delante estaba lleno de incertidumbre, pero le daba la esperanza de un futuro mejor. A cada paso, sentía la presencia de su marido y recordaba el amor que compartían. La determinación de Martha para seguir adelante era un tributo a él y su recuerdo permanecerá siempre en su corazón.

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La historia de Juana es una por la que desgraciadamente han pasado muchas otras personas de su región. El desplazamiento forzado debido a la violencia entre guerrillas y narcotraficantes se ha convertido en una dura realidad para muchos campesinos, dejándoles el miedo, el hambre y la guerra como únicos compañeros. Su decisión de emigrar a Medellín estuvo motivada por su deseo de crear una vida mejor para ella y su marido, y ahora ayuda a otros emigrantes trabajando como enfermera. Este es un ejemplo de cómo podemos canalizar nuestro miedo y tristeza en algo positivo, un acto de esperanza que puede hacernos seguir adelante sin importar las circunstancias.

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La historia de Noralba es un ejemplo de fuerza y resistencia. Noralba, que emigró de Venezuela a Colombia en bicicleta, estaba decidida a conseguir una vida mejor para ella y su familia. A pesar de las dificultades del viaje, pudo cruzar la frontera hasta que una enfermedad repentina le hizo el viaje mucho más pesado. Muchos días bajo el sol y la lluvia le habían pasado factura, debilitándola y haciéndola vulnerable. Lo que Noralba no sabía en ese momento era que estaba embarazada y que su viaje la había puesto en peligro de aborto espontáneo. Sin embargo, gracias a la ayuda solidaria del  CAMMI (Centro de Atención a la Mujer Migrante) de la Fundación Unimedicos, Noralba pudo recuperarse en un hospital sin tener que pagar un solo peso por su tratamiento. Tras un largo y lento proceso de recuperación, Noralba pudo continuar con su vida con nuevas fuerzas y esperanza. Su historia es un ejemplo de cómo la migración venezolana puede estar llena de dificultades, pero a través del trabajo duro y la compasión, todavía puede haber una luz al final del túnel.

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